Yo ya estaba dormida soñando con una pelota, cuando oí que mi papá humano bajaba despacito.
Casi se tropieza conmigo porque me encanta dormirme en el descanso de la escalera, justo donde da vuelta, donde está más fresquito y junto a la ventanita desde donde puedo vigilar quién se acerca a la casa, pues ese es mi trabajo.
Luego vi a mi papá humano recibir a unos señores y una muchacha vestidos muy chistosos, pero como yo no los conocía, les ladré, hasta que él me hizo «shhh», muy misterioso, y entendí que eran sus amigos.
Yo los observaba muy atenta, cuando de repente, bajaron de una camioneta una guitarra panzona, unas trompetas y un señor se puso a cantar «Las Mañanitas».
Entonces bajó mi mamá humana en pijama, ¡qué pena con la visita!, pero no alcanzó a cambiarse.
Ella me dijo «Mira, Nala, nos trajeron mariachi», y yo pense: «¿Nos? Se nota que la serenata es para mí, porque soy muy buena mascota», pero no la quise contradecir porque me dijeron que al día siguiente era su cumpleaños.
Yo estaba bien feliz escuchando «Hermoso Cariño» y «Si nos dejan», incluso cantaron «Happy Birthday» en inglés, porque eran un mariachi bilingüe, pero mis humanos no me dejaban ver porque estaban parados los dos en la puerta, así que me acosté y miré mi serenata por entre sus pies.
Al ratito se fueron, mis humanos se dieron besos y abrazos y a mi me dieron golpecitos en la cabeza. Yo le canté a mi humana como sólo yo sé, aunque muy pocos aprecian mi arte, para felicitarla por su cumpleaños y me fui a dormir a ver si volvía a encontrarme la pelota que estaba persiguiendo en mi sueño.
¡Hasta luego!




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